El trasgo del desierto
El trasgo del desierto ¡BUUUUM!
La locomotora seguía resplandeciendo. Algunos carbones encendidos habían salido disparados a varios metros de distancia. Pero la luz de los coches se había apagado. Y cubierto el rostro de sudor y lleno el corazón de odio hacia los despiadados bandidos, «Pistol» Pete Rice surcó la noche como un cohete, caballero sobre su alazán.