El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Pete aguardó un segundo nada más. Estaba mirando hacia un bosquecillo que habÃa al lado opuesto del alfalfar.
—¡Bueno, muchachos, adentro! —ordené—. Pero id con ojo avizor, por si hay alguna trampa.
Con trampas o sin ellas, estaba decidido a seguir el rastro. Llevaba el rifle de gran potencia. Sus comisarios iban bien provistos de municiones. Todos podÃan dar buena cuenta de sà cuando llegara el momento decisivo.
Pete cabalgaba un poco adelantado, Escudriñaba el macizo de árboles. Sospechaba que pudiera tendérseles una emboscada. Y, sin embargo, querÃa que se la tendieran, porque asà entrarÃa en contacto con el adversario. Ansiaba librar una batalla decisiva con los asesinos aquella noche.
Pero Sonny pareció espantarse y la rápida mirada de Pete se arrancó del bosque para contemplar un punto del campo de alfalfa, a pocos metros de donde se encontraba. Algo chisporroteaba allÃ.
El sheriff hizo girar bruscamente a su caballo.
—¡Atrás, muchachos! —aulló—. ¡Aprisa, atrás!