El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Y clavó espuelas haciendo saltar a Sonny hacia el camino, en el preciso momento que sonaba una explosión y se veía un resplandor deslumbrante. Un surtidor de fuego y tierra pareció surgir del centro del campo de alfalfa.
Casi simultáneamente ocurría un fenómeno análogo en el rincón Suroeste del campo y a la orilla del bosque.
—¡Están metidos entre los árboles, Pete! —aulló «Miserias»—. ¡Nos están tirando esa dinamita para obligarnos a retroceder! Pero... ¡vamos! ¡Son nuestros ya! ¡Les haremos comerse esos explosivos!
El largo brazo de Pete se extendió y su mano asió las riendas del impetuoso barbero comisario. Al hacerlo, otro cartucho de dinamita estalló más hacia el interior del bosquecillo. Saltaron ramas y trozos de corteza y una lluvia de hojas fue despedida hacia los tres hombres.