El trasgo del desierto
El trasgo del desierto BILLETES DE CINCUENTA DÓLARES
Hasta el sereno Teeny Butler por poco pega un brinco al oĂr el extraño sonido.
—Me parece que este es el famoso trasgo, muchachos —dijo.
Pete moviĂł afirmativamente la cabeza.
—SĂ. Aun no comprendo por quĂ© han usado esta treta de hacer sonar un silbato; pero apostarĂa a que andamos muy cerca ya de la soluciĂłn de este asunto.
»Claro está que ya sabĂamos desde un principio que no tenĂamos que habĂ©rnoslas con trasgos. Luchamos con hombres de carne y hueso... ¡Hombres que caen cuando les taladra una bala del 45!
El sol matutino doraba las colinas y los valles, escena quĂ© hubiera resultado agradable de no haber sido por el cadáver que yacĂa en la llanura y los buitres que aun volaban ominosamente por encima.
—El juez tendrĂa que examinar este cadáver —dijo Pete—; mas no hay necesidad de que se quede aquĂ nadie a guardarlo. AsĂ les quitaremos el desayuno a esos buitres. Más vale que os lo llevĂ©is a la poblaciĂłn, muchachos.
—¿No vas a acompañarnos tú? —inquirió «Miserias».