El trasgo del desierto
El trasgo del desierto —No. Tengo la intención de pasearme por ahà un rato.
—¿Dónde vas?
—Al rancho de Buckland, entre otros sitios.
***Era última hora de la tarde cuando Pete volvió a Coatchie. Siguiendo las instrucciones de Pete, «Miserias» habÃa tomado el tren para Empalme del Desierto, con el fin de intentar encontrar al misterioso «J. T.», amigo de Smith.
El pequeño barbero comisario habÃa demostrado de nuevo su singular habilidad en misiones de este género. HabÃa vuelto en el tren del atardecer, acompañado de un mejicano llamado Juan Teniro.
—Aquà está nuestro misterioso amigo «J. T.» —anunció, al entrar Pete en el despacho—. No me costó mucho trabajo dar con él. Pues que la nota estaba escrita en español, concentré mis esfuerzos en la población mejicana. Teniro iba a venir a verte mañana, de todas formas... eso dice él, por lo menos.
El mejicano, joven bien parecido, asintió con un movimiento de cabeza.
—Es cierto, sheriff —dijo en español—. HabÃa estado pensando venir a verle y darle a conocer todos los detalles para que pudiera usted rehabilitar la memoria de mi amigo Smith.