El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Por toda contestación, el dependiente tocó una de las teclas de la máquina registradora. Se abrió el cajón. Sacó un billete y lo depositó sobre el mostrador. Un brillo duro había aparecido en los ojos de Pete. Su mente era archivo de muchos detalles. Su memoria siempre había sido excelente. Y vio que el número del billete correspondía a los encontrados en la cabaña de Smith, ¡el dinero robado al Banco de Buckland!
Devolvió el billete, hizo un comentario sin importancia y salió del bar. Pero su paso se hizo más largo al llegar al bordillo. Corrió hacia el despacho del comisario.
Teeny y «Miserias» estaban arrellanados en sendos asientos.
—¡Vamos muchachos! —gritó—. ¡Vamos á cabalgar un rato!
Cosa de media hora después, el brillo de los ojos del sheriff se había hecho más duro aun. Sabía que Buckland hijo les dejaría atrás; pero ello no había impedido que le siguiera, guiándose por las huellas de los neumáticos.
Al principio, había creído que se dirigiría al rancho de su padre. La intención del sheriff era presentarse allí y exigirle al muchacho que explicara de donde había sacado billetes de la misma serie que los robados al Banco.