El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Creyó encontrarse de nuevo en el pequeño rancho de sus padres, en Tejas, echado junto al manantial que regaba los álamos. Una picadura en el hombro le hizo recobrar el conocimiento. Oyó una explosión en el interior del Banco y logró coordinar el tiempo suficiente para adivinar que los bandidos debían haber volado la anticuada caja acorazada.
Lo último que oyó fue un segundo rifle de repetición y, casi simultáneamente, el ruido de un cuerpo que cayó a su lado. Era evidente que los ciudadanos se estaban llevando la peor parte en la lucha. Y el estruendo de aquellos rifles de repetición parecía continuar sin un instante de reposo.