El trasgo del desierto

El trasgo del desierto

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King explicó, con jactancia, más detalles del plan, que no hubiera ofrecido el menor peligro, de no haber sido por «esos imbéciles que me rodean». Había comprendido que los habitantes del distrito oirían el extraño ruido que daba el escape del motor. No era ruido que se le ocurriera a nadie asociar con un aeroplano; pero para asegurarse aún más, el ingenioso Jacobo había recurrido a varias estratagemas para impedir que, ni por un momento, pudieran sospechar los hombres del Oeste la verdad.

Se había enterado de que había dinamita almacenada en la Mina Panamint. Trazó un plan para apoderarse de ella y, al propio tiempo, alejar toda posibilidad de que se sospechase la existencia de un aeroplano. Sus hombres habían bajado á la mina y matado a Daniel Gravin.

Mientras se hallaban dentro, hicieron sonar el silbato que Jacobo había hecho de un trozo de sauce. Era evidente que un aeroplano no podía meterse en una mina. De forma que cualquiera que hubiese sospechado la existencia de un avión, hubiera quedado despistado con aquello. Había dejado a Grady con vida para que pudiera hablar del gemido de trasgo que oyera en la mina.

—Y fue usted quien mató a Smith de una puñalada —acusó Pete.

King se reconoció culpable.


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