El trasgo del desierto

El trasgo del desierto

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—Así fue. Sabía demasiado. Yo estaba muy cerca de su cabaña la noche en que usted y Leeming se acercaron. Había cazado una serpiente de cascabel. Cuando Smith se quedara dormido, iba a tener un buen compañero: la serpiente. Parecía un accidente. Era mucho mejor que pegarle un tiro.

Pero permaneció escondido durante el tiroteo y, cuando Pete y Leeming se marcharon, decidió matar a Smith para asegurarse. Luego arrancó una tabla del suelo, metió los billetes y, por último, introdujo la serpiente de cascabel. Sabía que Pete se fijaría en la tabla. Y creyó que la serpiente acabaría con Pete.

—Y no cabe la menor duda de que mató usted a Smiley Hanaford —dijo Pete—, y que le metió el silbato en el bolsillo y le puso la máscara.

—Acertó a pasar y vio el aeroplano. No podíamos permitir que se supiese ese secreto. Conque le matamos y le pusimos esas cosas.

»La idea era bastante buena, ¿no le parece? Empezaba yo a ponerme nervioso ya. Pensé que si podía hacer creer que Smiley Hanaford era el culpable de todo, la investigación se pararía. Estaba ya preparado para marcharme a Méjico. Empezaba, a ponerse la cosa mal y...

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