El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Señaló con un dedo a Pete.
—Pero... ¡aun no ha acabado usted con este asunto, amigo! Pruebe a cogerlos si se atreve. ¡Pruébelo! Tienen pistolas ametralladoras y bombas. Usted y sus luchadores del Oeste tienen tantas probabilidades de salir bien como una bola de nieve en el infierno. —Lo probaremos, por lo menos-respondió Pete—. Vamos a marchar ahora mismo. Y, aun cuando no volviéramos nunca, no veo que le vaya a beneficiar a usted en nada. ¡Tiene metido el cuello en el nudo corredizo ya!
*****Unos veinte minutos más tarde, Pete Rice, “Miserias”, Teeny Butler y Dode Leeming se incorporaron al pequeño grupo de hombres armados que se había reunido delante del salón Looping Arrow. Tomás Buckland se hallaba entre ellos. Llevaba dos revólveres del 45, con muescas en la culata, sujetos con correas y unos zahones viejos. Le centelleaban los ojos. Volvía a ser el hombre del Oeste que tirara como el primero en tiempos antiguos. Iba decidido a vengar la muerte de su único hijo.
El semblante de Dode Leeming era sombrío también. Se disponía a saldar una deuda: el asesinato de su compañero tejano, Nick Webb. Slim Latcher y Snag Parrish montaban a caballo con rifles de repetición delante de ellos, en la calle. Por una vez Snag estaba dispuesto a luchar en el mismo bando que un Buckland.