El trasgo del desierto

El trasgo del desierto

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Había sabido por Antonio, alias Corbin, que alguno de los pistoleros se habían ido a Empalme del Desierto a jugar. El Rey Jacobo no había estado en el hotel por entonces, sino que se hallaba espiando por Coatchie. Pero Antonio siguió a los pistoleros al Empalme y se puso nervioso cuando averiguó que habían puesto en circulación algunos de los billetes del Banco.

Sabía que Standish Buckland había ganado alguno de aquellos billetes; pero no pudo pillar al joven por los alrededores del Empalme. Conque cuando Standish volvió a la población con la intención de marchar al rancho al parecer, Jacobo y Antonio le habían esperado. Sabían que era necesario retirar aquellos billetes delatores y sellarle los labios a Buckland hijo para siempre.

Le habían dado el alto, obligándole a desviarse de la carretera que conducía al rancho. Luego le mataron, le quitaron los billetes y regresaron a la población. Creían haberlo hecho sin dejar rastro alguno que les comprometiera.

Pete Rice se puso en pie.

—Bueno; me parece que puede quedarse usted refrescándose en el calabozo, King —dijo—. Iremos á Manantiales de Antílope a echar el guante a sus pistoleros. Así tendrá usted compañía en la cárcel.

—¡Los muy imbéciles! —aulló King—. ¡Ellos han sido los que me han metido en este apuro, con su maldita afición al juego!


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