El trasgo del desierto
El trasgo del desierto —¡Mantenedles ahÃ, muchachos! —gritó—. ¡No les dejéis escapar! Estaré de vuelta en seguida!
Se puso en pie y corrió hacia un sauce que crecÃa a la orilla del pequeño riachuelo. Estuvo de vuelta antes de que hubieran transcurrido cinco minutos y se guareció entre unos matorrales delante del hotel. HabÃa cortado varias varas de sauce. Se sacó unos cordeles del bolsillo y puso a construir algo en la oscuridad.
Sus ágiles dedos trabajaron con rapidez. A los pocos instantes tuvo hecho un arco tosco y tres flechas. Iba a probar una estratagema india antigua contra los métodos modernos de una cuadrilla de gangsters. Sujetó a las flechas su delgado pañuelo y trozos de papel. Lo habÃa empapado todo en el petróleo de una linterna que llevaba uno de sus hombres.
Rascó una cerilla y le prendió fuego. Luego, colocó la flecha en el arco y disparó. La flecha encendida describió un arco en el aire. Dio contra el tejado del viejo hotel. Un momento, después se alzaba una lengua de fuego de los listones, secos como la yesca, que servÃan de techumbre. Otra flecha encendida cayó sobre el extremo opuesto del edificio.