El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Se echó el rifle a la cara y siguió lanzando proyectiles contra el aparato que empezaba a maniobrar para ganar altura. Sus balas hacÃan poco daño al parecer. Aguardó unos segundos cuando el avión se niveló y volvió a ascender. Estaba apuntando contra la hélice en movimiento.
Luego empezó a descargar bala tras bala contra su blanco. Los hombres del sheriff lanzaron un alarido de triunfo. El avión empezaba a inclinar la proa. Logró recobrar el equilibrio durante un par de segundos. A continuación, empezó a caer como un halcón herido.
Los hombres del sheriff lanzaron un:
—¡Les hemos dado! ¡Están cayendo dentro del mismo fuego!
Asà era. El avión cayó hacia el horno ardiente en que se habÃa convertido el hotel. Se oyó un golpe terrible. Los gangsters encerrados en aquel infierno lanzaron gritos de angustia. El motor empezó a funcionar otra vez durante un par de segundos. El extraño gemido volvió a oÃrse por encima de los chillidos y del chisporroteo de las llamas.
De pronto estalló el depósito de gasolina. El ruido casi ensordeció a los hombres del sheriff, que retrocedieron corriendo al alzarse un surtidor de fuego.
Pete corrió hacia las llamas; pero el terrible calor le obligó a retroceder. Se colocó los brazos delante de los ojos y luego se retiró lentamente.