El trasgo del desierto
El trasgo del desierto —¡No podemos sacarlos, muchachos! —gritó. Se alejó aún más de las llamas y bajó la voz—. Bueno, estos canallas nacieron para morir abrasados. Pero Rey Jacobo y su pistolero principal acabarán en la horca.
Los hombres del sheriff vieron arder el edificio hasta consumirse todo. Algunos habitantes de la población se habÃan acercado también. Se oyeron gritos y palabra excitadas e histéricas. Los habitantes de Coatchie rodearon a «Pistol» Pete Rice y a sus comisarios.
—Vamos a dar una verdadera fiesta en su honor cuando regresemos a Coatchie —dijo uno—. Todo queda liquidado ya. Coatchie se hará más grande y más próspero que nunca. Alquilaremos la Casa de la Villa y...
Pero Pete Rice alzó la mano.
—No —dijo—; nos marchamos a casa, a la Quebrada del Buitre, ahora que este asunto ha quedado liquidado. Volveremos cuando llegue el momento de declarar contra Rey Jacobo y su lugarteniente.
Sonrió.
—Cuando el Rey Jacobo dé audiencia en Palacio, quiero decir... pero en el Palacio de Justicia.
No bien hubo pronunciado estas palabras, se borró la sonrisa de sus labios, una palidez intensa cubrió su semblante, se le doblaron las rodillas y rodó por el suelo.