El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Durante unos instantes el asombro hizo enmudecer a los dos comisarios.
—¿Que... que te retiras? —balbuceó Butler por fin.
—Eso he dicho.
—Pero... ¡eso no es posible! —exclamó “Miserias”—. ¿Quién va a ocupar tu lugar en Quebrada del Buitre?
—Tú o Teeny podrías hacerlo divinamente.
—¿Yo? Si tú te retiras, y aun no lo creo, yo me vuelvo a mi barbería. ¿Qué quieres que hiciera yo sin ti? Pero... tú no puedes dejarlo, Pete. No podrías vivir sin esas emociones. Y, cuando oyeras hablar de un crimen, saldrías a buscar al criminal a pesar tuyo.
—Te equivocas, «Miserias». Mi decisión es irrevocable. Mientras viva mi madre, pase lo que pase, me dedicaré exclusivamente a ella.
*****Durante los días que siguieron, los dos comisarios pusieron en juego todos sus recursos, apelaron a todos los argumentos para disuadir a Pete Rice de sus propósitos. Pero todo fue inútil. Y, cuando ya estuvo el sheriff restablecido lo suficiente para emprender el camino de regreso a Quebrada del Buitre, su primer cuidado fue presentar la dimisión de su cargo y proponer a Teeny Butler como substituto.