El trasgo del desierto

El trasgo del desierto

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Entre éstos se hallaban tres cuyos servicios Pete apreciaba mucho. Uno de ellos, Smiley Hanaford, había solicitado ya una de las plazas de ayudante de comisario que habían de crearse en la población. Hanaford reía mucho y hablaba con dulzura: Pero había demostrado ser veneno puro en la lucha e ignorar por completo el significado del miedo.

Era vaquero, sin trabajo por entonces, pero tenía cerca de cuarenta años y había ahorrado algo de dinero cuando trabajada en el rancho de Buckland y, más tarde, en el Big Bar M.

Otro era Slim Latcher, el vaquero que había echado el lazo a Leeming, salvándole, la noche del asaltó al Banco. Latcher se ganaba la vida como experto en ganado, comprando reses para el rancho de Buckland y otros ganaderos grandes.

Pero el tercero era enemigo de Tomás Bucland. Era Snag Parrish, cuyos salientes dientes, manchados de tabaco, eran de aspecto tan desagradable como los colmillos de una serpiente de cascabel; pero había demostrado que, cuando había jaleo, también sabía ser tan peligroso como una serpiente de cascabel. Había sido propietario de un rancho pequeño que Tomás Buckland, como presidente del Banco de Coatchie, le había quitado en pago de una hipoteca. Por consiguiente, hasta el nombre de Buckland le resultaba odioso.


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