El trasgo del desierto
El trasgo del desierto —¡Hum! —le dijo a «Miserias»... ¡Enrique Lee ha vuelto a las andadas! Debe de tener cerca de setenta años. Esa ya es edad de retirarse. La vida es como una montaña. Cuando uno ha escalado una ladera y bajado por la otra en tobogán, va siendo hora de que descanse de una vez.
—Bien pudiera ser que ese hombre fuera el responsable de todo este jaleo —exclamó el comisario.
El sheriff mascó goma unos instantes.
—Yo, personalmente, lo dudo —dijo por fin—. Hay serpientes incluso que son mejores que otras serpientes.
Contempló las aguileñas facciones del criminal.
—Enrique ha estado entrando y saliendo de la cárcel cerca de cincuenta años. No le han ahorcado, porque jamás pudo demostrarse que hubiera matado a un hombre. No es asesino. Y el canalla responsable de todo lo que está ocurriendo en el distrito de Rico es veneno puro. Ha cometido asesinatos al por mayor.
El despacho parecÃa apacible. Hasta la población parecÃa tranquila teniendo en cuenta lo que habÃa ocurrido en ella poco tiempo antes. Sin que pudiera explicarse por qué, aquello recordaba a Pete la calma que precede a la tormenta.