La rebelión de Atlas
La rebelión de Atlas Mientras tanto, en Colorado, Ellis Wyatt, el magnate del petróleo, veía con frustración cómo los trenes de la Taggart Transcontinental fallaban una y otra vez. Cada día que pasaba sin transporte confiable significaba pérdidas millonarias para sus operaciones. Sus telegramas, exigiendo una solución inmediata, parecían caer en oídos sordos.
Una tarde, tras otro retraso devastador, Wyatt habló con su asistente. —Si Dagny Taggart no arregla esto pronto, la Phoenix-Durango será nuestra única opción. Pero prefiero confiar en alguien que entienda el valor de lo que hacemos, y no en un sistema moribundo.
El peso del fracaso parecía apretar el mundo desde todos los ángulos. Los trenes se detenían, los negocios cerraban, y la pregunta prohibida resonaba cada vez más fuerte entre los trabajadores y empresarios: ¿Quién es John Galt?
