Dios y el Estado

Dios y el Estado

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Napoleón cayó. La Restauración devolvió a Francia, con la monarquía legítima, la potencia de la iglesia y de la aristocracia nobiliaria, que se resarcieron, si no del todo, al menos de una considerable parte de su antiguo poder. Esta reacción echó la burguesía a la revolución; y con el espíritu revolucionario se despertó en ella también la incredulidad. Con Chateaubriand a un lado, volvió a comenzar a leer a Voltaire. No llegó hasta Diderot: sus nervios debilitados no soportaban ya un alimento tan fuerte. Voltaire, a la vez incrédulo y teísta, le convenía, al contrario, mucho. Beranger y Paul Louis Courier expresaron perfectamente esta tendencia nueva. El «dios de las buenas gentes» y el ideal del rey burgués, a la vez liberal y democrático, dibujado sobre el fondo majestuoso y en lo sucesivo inofensivo de las victorias gigantescas del imperio, tal fue, en esa época, el alimento intelectual cotidiano de la burguesía de Francia.

Lamartine, aguijoneado por la envidia vanidosamente ridícula de elevarse a la altura del gran poeta inglés Byron, había comenzado sus himnos fríamente delirantes en honor del dios de los gentileshombres y de la monarquía legítima. Pero sus cantos no repercutían más que en los salones democráticos. La burguesía no los oía. Beranger era su poeta, y Paul Louis Courier su escritor político.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker