Alberto Savarus y otras historias

Alberto Savarus y otras historias

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

»No diré todas las ideas que me asaltan; ellas pueden reducirse a una sola, y es ésta: Yo no puedo apreciar a un hombre que a sabiendas se ensucia por una suma de dinero, sea la que fuere. Cinco céntimos robados en el juego, o seis veces cien mil francos debidos a un engaño legal, deshonran por igual a un hombre. Quiero decírtelo todo: me considero como manchada por un amor que poco tiempo atrás constituía toda mi dicha. Se eleva en el fondo de mi alma una voz que mi cariño no puede ahogar. ¡Ah! He llorado por haber tenido más conciencia que amor. Podrías cometer un crimen; yo te escondería en mi seno, contra la justicia de los hombres, si pudiera hacerlo; pero mi abnegación sólo llegaría a eso. El amor, ángel mío, es, en una mujer, la confianza más ilimitada, unida a no sé qué necesidad de venerar, de adorar el ser al cual pertenece. Todavía no he concebido el amor más que como un fuego en el que se depurarían aún los más nobles sentimientos, un fuego que los desarrollaría todos. Sólo tengo una cosa que decirte: Ven a mí como pobre; mi amor se duplicará si es posible; si no, renuncia a mí. Si no te veo más, sé lo que me resta hacer. Ahora yo no quiero que restituyas porque yo te lo aconsejo. Consulta a tu conciencia. No es preciso que este acto de justicia sea un sacrificio hecho al amor. Soy tu mujer, y no tu amante; se trata menos de agradarme que de inspirar para ti la más profunda estimación. Si me equivoco, si me has explicado mal la acción de tu padre; en fin, por poco que creas legítima tu fortuna (¡oh, cuánto quisiera convencerme a mí misma de que no mereces censura alguna!), decide escuchando la voz de tu conciencia, obra bien por ti mismo. Un hombre que ama sinceramente como tú me amas, respeta demasiado la santidad que su mujer pone en él para ser falto de honradez. Ahora me reprocho todo lo que acabo de escribir. Una palabra habría sido suficiente, quizás, y mi instinto de predicadora me ha arrastrado. Así, quisiera que me regañasen un poco, no demasiado fuerte, pero un poco. Cariño, entre tú y yo, ¿no eres tú el poder? Tú sólo debes advertir tus faltas. Bien, dueño mío, ¿diréis que no entiendo nada de discusiones políticas?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker