Cuentos filosoficos
Cuentos filosoficos Al llegar a nuestro hotel, advertimos un billar en una sala baja, y, cuando nos enteramos de que era aquel el único billar público que había en Le Croisic, hicimos los preparativos de salida durante la noche; al día siguiente estábamos en Guérande. Pauline aún estaba triste, y yo ya sentía la proximidad de esa llama que me abrasa el cerebro. Me atormentaban tan cruelmente las visiones que tenía de aquellas tres existencias, que Pauline me dijo:
—Louis, escribe esto, y burlarás la naturaleza de esta fiebre.
Así, he escrito a usted esta aventura, mi querido tío; pero ella ya me ha hecho perder la calma que les debía a mis baños y a nuestra estancia aquí[59].
París, 20 de noviembre de 1834