Cuentos filosoficos
Cuentos filosoficos —Segura estoy de que ese gran señor no es mi marido —dijo la duquesa[586].
Inmediatamente se pidieron los caballos, y la Cataneo partió al instante hacia Venecia, con el fin de asistir a la apertura de la temporada de invierno. AsÃ, una hermosa velada del mes de noviembre, el nuevo prÃncipe de Varese atravesaba la laguna de Mestre[587] en Venecia, por entre la lÃnea de postes con los colores austriacos que marca el camino concedido por la aduana a las góndolas[588]. Mientras miraba la góndola de la Cataneo, llevada por lacayos de librea, y que surcaba el mar a un tiro de fusil por delante de él, el pobre Emilio, conducido por un viejo gondolero que habÃa conducido a su padre en los tiempos en que Venecia aún estaba viva, no podÃa rechazar las amargas reflexiones que le sugerÃa la investidura de su tÃtulo.