Cuentos filosoficos
Cuentos filosoficos Cuando el médico francés volvió a la galerÃa, en donde la orgÃa habÃa adoptado el carácter de la locura veneciana, llevaba un aire alegre que se le escapó al prÃncipe fascinado por la Tinti, cuyas embriagadoras mieles, que ya habÃa probado, se prometÃa. La Tinti nadaba como una auténtica siciliana por las emociones de una fantasÃa amorosa a punto de ser satisfecha. El francés dijo unas palabras al oÃdo de Vendramin y la Tinti se inquietó por ellas.
—¿Qué están tramando? —preguntó al amigo del prÃncipe.
—¿Es usted buena chica? —le dijo al oÃdo el médico con la dureza de un cirujano.
Aquellas palabras se clavaron en el entendimiento de la pobre muchacha como una puñalada en un corazón.
—¡Se trata de salvarle la vida a Emilio! —añadió Vendramin.
—Venga usted —dijo el médico a la Tinti.
La pobre cantante se levantó y fue al extremo de la mesa, entre Vendramin y el médico, en donde pareció ser como una criminal entre su confesor y su verdugo. Se debatió mucho rato, pero sucumbió por amor hacia Emilio. La última palabra del médico fue: «¡Y curará usted a Genovese!».