Cuentos filosoficos

Cuentos filosoficos

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Al día siguiente, después de la más feliz de las noches felices, el dormir del príncipe fue turbado por un sueño. Sentía perlas en el pecho que le eran derramadas por un ángel, se despertó, estaba inundado por las lágrimas de Massimilla Doni, en cuyos brazos se hallaba, y que lo miraba durmiente.

Genovese, por la noche, en la Fenice, aunque su compañera Tinti no le hubiese dejado levantarse antes de las dos de la tarde, cosa que, según se dice, perjudica a la voz de un tenor, cantó divinamente su papel en la Semiramide, fue reclamado con la Tinti, se dieron nuevas coronas, la platea estuvo ebria de alegría, el tenor ya no se preocupaba de seducir a la prima donna mediante los encantos de un método angelical.

Vendramin fue el único a quien el médico no pudo curar. El amor de una patria que ya no existe es una pasión sin remedio. El joven veneciano, a fuerza de vivir en su república del siglo XIII, y de acostarse con aquella gran cortesana traída por el opio, y de amanecer en la vida real adonde le acompañaba el abatimiento, sucumbió, llorado y muy querido por sus amigos.

Cómo decir el desenlace de esta aventura, pues es horriblemente burgués. Una palabra bastará para los adoradores del ideal.

La duquesa estaba encinta[771].


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