El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias En Desplein la gloria y la ciencia eran inatacables: sus enemigos la emprendÃan con su humor extraño, con su carácter; por cuanto poseÃa esa cualidad que los ingleses denominan excentricity. Vestido a veces soberbiamente como Crébillon el trágico, de pronto afectaba una singular indiferencia en materia de indumentaria; veÃasele tan pronto en coche, tan pronto a pie. Alternativamente brusco y bondadoso, en apariencia áspero y avaro, pero capaz de ofrecer su fortuna a sus señores en el exilio que le hicieron el honor de aceptarla durante algunos dÃas, ningún hombre ha inspirado juicios más contradictorios. Aunque capaz, para tener un cordón negro que los médicos no deberÃan pordiosear, de dejar caer, en la corte, un libro de horas de su bolsillo, debéis creer que se burlaba de todo en su fuero interna; sentÃa un profundo desprecio por los hombres, después de haberlos observado de arriba abajo, después de haberlos sorprendido en su verdadera expresión, en medio de los actos de la existencia más solemnes y más mezquinos. En un grande hombre, las cualidades son a menudo solidarias. Si, entre estos colosos, uno de ellos tiene más talento que ingenio, su ingenio es aún más vasto que el de aquel que dice sencillamente: «Tiene ingenio». Todo genio supone un punto de vista moral. Este punto de vista puede aplicarse a alguna especialidad; pero quien ve la flor, debe ver el sol. Quien al oÃr a un diplomático, salvado por él, pregunta: «¿Cómo está el emperador?», respondió: «¡El cortesano vuelve, el hombre seguirá!», no es solamente un cirujano o un médico, sino que es también asombrosamente ingenioso. AsÃ, el observador paciente y asiduo de la humanidad comprenderá las pretensiones exorbitantes de Desplein y le creerá, como él mismo se creÃa, idóneo para ser un ministro tan grande como lo era cirujano.