El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias Para explicar el obscuro destino de uno de los hombres superiores del orden judicial, es preciso entrar aquà en algunas consideraciones que servirán para revelar su vida, su carácter, y que mostrarán, por otra parte, algunos de los engranajes de esta máquina llamada la Justicia. El señor Popinot fue clasificado por los tres presidentes que tuvo sucesivamente el Tribunal del Sena en una categorÃa de judicerÃa, única palabra que puede expresar la idea adecuada. No obtuvo en este puesto la reputación de capacidad que sus trabajos le habÃan merecido de antemano. De la misma manera que un pintor es invariablemente encerrado en la categorÃa de los paisajistas, de los retratistas, de los pintores de historia, de marina o de género por el público de los artistas, de los expertos o de los necios, e igual criterio aplica el mundo a los escritores, a los hombres de Estado, a todas las personas que comienzan por una especialidad antes de ser proclamados universales; de la misma manera tuvo Popinot su destino y fue encasillado en su género. Los magistrados, los abogados, los procuradores, todo lo que pace en el terreno judicial distingue dos elementos en una causa: el derecho y la equidad. La equidad resulta de los hechos, el derecho es la aplicación de los principios a los hechos. Un hombre puede tener razón en equidad, y no recibir satisfacción en justicia, sin que el juez sea acusable. Entre la conciencia y el hecho hay un abismo de razones determinantes que son desconocidas del juez y que condenan o legitiman el propio hecho. Un juez no es Dios, su deber consiste en adaptar los hechos a los principios, juzgar especies variadas hasta el infinito sirviéndose de una medida determinada. Si el juez tuviera la capacidad de leer en la conciencia y desentrañar los motivos con objeto de hacer equitativas las sentencias, cada juez serÃa un grande hombre. Francia necesita unos seis mil jueces; ninguna generación tiene a su servicio seis mil grandes hombres, con mucha mayor razón no puede encontrarlos para su magistratura. Popinot era en medio de la civilización parisiense un cadà muy hábil, el cual, por la naturaleza de su espÃritu y a fuerza de haber frotado la letra de la ley en el espÃritu de los hechos, habÃa reconocido el defecto de las aplicaciones espontáneas y violentas.