El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias —Querido tÃo, deberÃais poneros ropa de mayor abrigo cuando bajáis a esa sala.
—Es que me pesa tener que hacerles esperar, ¡pobre gente! Bien, ¿qué quieres de m�
—Vengo a invitaros a comer mañana en casa de la marquesa de Espard.
—¿Una de nuestras parientas? —preguntó el juez con aire tan ingenuamente preocupado, que Bianchon se echó a reÃr.
—No, tÃo; la marquesa de Espard es una dama muy importante, que ha presentado una demanda al Tribunal para lograr la interdicción de su marido, y vos habéis sido encargado de…
—¿Y quieres que vaya a comer con ella? ¿Estás loco? —dijo el juez cogiendo el Código de procedimiento—. Toma, lee, pues, el artÃculo que prohÃbe al magistrado comer y beber en compañÃa de una de las partes a las cuales él debe juzgar. Que venga a verme, si tiene algo que decirme, tu marquesa. Mañana, en efecto, yo deberÃa ir a interrogar a su marido, después de haber examinado el asunto durante la noche próxima.
Levantose, tomó un expediente que se encontraba bajo un pisapapeles a su alcance y dijo, después de haber leÃdo el epÃgrafe:
—He aquà los documentos. Puesto que esta importante dama te interesa —dijo—, veamos la demanda.