El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias El hotel de Espard requerÃa una numerosa servidumbre, ya que el tren de la marquesa era considerable. Las grandes recepciones tenÃan lugar en la planta baja, pero la marquesa habitaba el primer piso de la casa. La gran escalera magnÃficamente adornada y los aposentos decorados con el gusto noble que antaño respiraba Versalles, revelaban una inmensa fortuna. Cuando el juez vio que la puerta cochera se abrÃa delante del cabriolé de su sobrino, examinó con una rápida ojeada el aspecto general de aquella casa, las flores que guarnecÃan la escalera, la exquisita limpieza de las rampas, de las paredes, de las alfombras, y contó los criados de librea que al ser llamados acudieron inmediatamente. Sus ojos, que el dÃa antes sondeaban al fondo de su sala la grandeza de las miserias bajo los vestidos sucios de barro de la gente del pueblo, estudiaron con la misma lucidez de visión los muebles y la decoración de las piezas a través de las cuales pasó, para descubrir en ellas las miserias de la grandeza.
—El señor Popinot. El señor Bianchon.