El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias —Sólo tenéis que responder a mis preguntas, sin omitir detalle alguno. Por muy delicadas que fuesen las razones que os hubieran inducido a obrar de tal modo que dieran a la señora de Espard el pretexto de su demanda, hablad sin temor. Es inútil decir que la magistratura conoce sus deberes y que en semejante caso el secreto más profundo…
—Señor —dijo el marqués, cuyos rasgos revelaron entonces un dolor verdadero—, si de mis explicaciones resultase un reproche de la conducta observada por la señora marquesa, ¿qué ocurrirÃa?
—El Tribunal podrÃa expresar una censura en los motivos de su juicio.
—¿Esa censura es facultativa? Si yo estipulase con vos, antes de contestaros, que no habrá nada de ofensivo para la señora de Espard en lo que se diga, en el caso de que vuestro informe me resultara favorable, ¿el Tribunal tendrá en cuenta mi súplica?
El juez miró al marqués, y aquellos dos hombres cambiaron entonces pensamientos de la misma nobleza.