El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias —Estoy persuadido de antemano de que habéis aportado a este asunto la más estricta independencia. Yo mismo, en provincias, como simple juez, a menudo tomé mucho más que una taza de té con las personas a las que habÃa de juzgar; pero basta con que el Guardasellos haya hablado de ello, que la gente pueda hablar de vos, para que el Tribunal evite una discusión sobre este asunto. Todo conflicto con la opinión pública es siempre peligroso para un cuerpo constituido, incluso cuando tiene razón contra ella, porque las armas no son iguales. El periodismo puede decirlo todo, puede suponerlo todo; y nuestra dignidad nos lo prohÃbe todo, incluso la respuesta. Por otra parte, he hablado con vuestro presidente y el señor Camusot acaba de ser nombrado, a base de la recusación que vos vais a dar. Es algo arreglado en familia. En fin, os pido vuestra recusación como un favor personal; en cambio, tendréis la cruz de la Legión de Honor, que se os debe desde hace tiempo, y yo me ocuparé de ello.
Al ver al señor Camusot, juez recientemente llamado de un tribunal de distrito al de ParÃs, y que se adelantó saludando al juez y al presidente, Popinot no pudo contener una sonrisa irónica. Aquel joven rubio y pálido, lleno de secreta ambición, parecÃa dispuesto a todo. Popinot se retiró saludando al presidente y al juez, sin dignarse rebatir la mentirosa acusación de que se le hacÃa objeto.