El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias Pablo de Manerville, que a fines del año 1810 regresó del colegio de Vendôme, permaneció bajo el dominio paterno durante tres años. La tiranía que hizo pesar sobre su heredero, un anciano de setenta y nueve años, influyó necesariamente en un corazón y en un carácter que no estaban formados. Sin carecer de ese valor físico que parece estar en el aire de Gascuña, Pablo no se atrevió a luchar contra su padre, y perdió aquella facultad de resistencia que engendra el valor moral. Sus sentimientos reprimidos se sumieron en el fondo de su corazón, donde los guardó mucho tiempo sin expresarlos; luego, más tarde, cuando sintió que estaban en desacuerdo con las máximas del mundo, fue capaz de pensar bien y obrar mal. Habríase batido por una sola palabra, y temblaba a la idea de tener que despedir a un criado; porque su timidez ejercitábase en los combates que requieren una voluntad constante. Capaz de grandes cosas para eludir la persecución, no la habría prevenido por una oposición sistemática, ni la habría afrontado por medio de un continuo despliegue de sus fuerzas. Cobarde en el pensamiento, audaz en la acción, conservó durante mucho tiempo aquel secreto candor que hace al hombre víctima voluntaria de cosas contra las cuales ciertas almas vacilan en rebelarse, prefiriendo padecerlas a quejarse de ellas. Hallábase cautivo en la vieja mansión de su padre, porque no tenía suficiente dinero para alternar con los jóvenes de la ciudad, envidiando sus placeres sin poder compartirlos. El anciano aristócrata llevábale todas las tardes en un viejo coche, tirado por viejos caballos mal atalajados, acompañado de sus viejos lacayos mal vestidos, a una sociedad realista, compuesta de los restos de la nobleza parlamentaria y de la nobleza de la espada. Reunidas desde la Revolución para resistir a la influencia imperial, estas dos noblezas habíanse transformado en una aristocracia territorial. Aplastado por las grandes fortunas de las ciudades marítimas, este Faubourg Saint-Germain de Burdeos respondía con su desdén al fasto que ostentaban a la sazón el comercio, las administraciones y los militares.