El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias Demasiado joven para comprender las distinciones sociales y las necesidades ocultas bajo la aparente vanidad que ellas mismas crean, Pablo se aburría en medio de aquellas antiguallas, sin saber que más tarde sus relaciones de juventud le asegurarían esa preeminencia aristocrática a la que Francia se sentirá siempre inclinada. Hallaba ligeras compensaciones al desabrimiento de sus veladas en algunos ejercicios que agradan a los jóvenes, porque su padre se los imponía. Para el viejo gentilhombre, saber manejar las armas, ser un excelente jinete, jugar a la pelota, adquirir linos modales, en fin, la frívola instrucción de los señores de antaño, era lo que constituía un joven cabal y cumplido. Pablo se ejercitaba, pues, todas las mañanas en las armas, en la equitación y en el tiro de pistola. El tiempo restante lo empleaba en la lectura de novelas, porque su padre no admitía los estudios trascendentes con que actualmente se pone fin a la educación. Una vida tan monótona habría llegado a matar a este joven, si la muerte de su padre no le hubiera librado de esta tiranía en el momento en que se había hecho insoportable. Pablo encontró capitales considerables acumulados por la avaricia paterna y propiedades en excelente estado; pero sentía horror hacia Burdeos y no le gustaba más Lanstrac, adonde iba su padre a pasar todos los veranos y le llevaba a cazar de la mañana a la noche.