El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias Cuando Natalia estuvo acostada, la madre representó la comedia de arrojarse en brazos de su yerno, llorando. Fue la única cosa provinciana que se permitió la señora Evangelista, pero tenía sus razones. A través de sus lágrimas y de sus palabras locas o desesperadas en apariencia, obtuvo de Pablo aquellas concesiones que hacen todos los maridos. Al día siguiente, hizo subir a los recién casados en el coche y los acompañó hasta más allá del pontón por el cual se cruza el Gironda. Con una palabra, Natalia había dado a entender a la señora Evangelista que si Pablo había ganado la partida en el juego del contrato, ahora comenzaba el desquite para ella. Natalia había conseguido ya de su marido la más completa obediencia.