El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias Cinco años después, en el mes de noviembre, por la tarde, el conde Pablo de Manerville, la cabeza inclinada, entró misteriosamente en casa del señor Matías, en Burdeos. Demasiado anciano para continuar con los asuntos de su profesión, el buen hombre había vendido su despacho y pasaba tranquilamente el resto de su vida en una de sus casas a la que se había retirado. Un asunto urgente le había obligado a ausentarse cuando llegó su huésped; pero su anciana ama de llaves, advertida de la llegada de Pablo, le condujo a la habitación de la señora Matías, muerta hacía un año. Fatigado por un rápido viaje, Pablo durmió hasta el atardecer. A su regreso, el anciano fue a ver a su antiguo cliente, y contentose con mirarle dormido, como una madre mira a su hijo. Joseta, el ama de llaves, acompañaba a su señor, y permaneció de pie, delante de la cama, con los puños apoyados en las caderas.
—Hoy hace un año, Joseta, cuando estaba recibiendo aquí el último suspiro de mi querida esposa, yo no sabía que habría de volver aquí para ver en esta habitación al señor conde casi muerto.
—¡Pobre señor! Está gimiendo mientras duerme —dijo Joseta.
