El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias La conversación tomó otro rumbo, porque era imposible mantenerla mucho rato en este mismo tema. Aunque los dos esposos volviesen a menudo sobre su extraña situación, sea por medio de alusiones, sea formalmente, hicieron un agradable viaje, recordando los sucesos de su pasada unión y las cosas del Imperio. La condesa supo imprimir un dulce encanto a sus recuerdos y difundió en la conversación un matiz de melancolía necesario para mantener en ella la gravedad. Hacía revivir el amor sin excitar deseo alguno, dejaba entrever a su primer esposo toda la riqueza moral que había adquirido, tratando de acostumbrarle a la idea de restringir su felicidad a los únicos goces que saborea un padre al lado de una hija querida. El coronel había conocido a la condesa del Imperio, volvía a verla como una condesa de la Restauración. Finalmente los dos esposos llegaron por un camino transversal a un gran parque situado en el pequeño valle que separa las alturas de Margency de la linda aldea de Groslay. La condesa poseía allí una deliciosa casa en la que el coronel vio, al llegar, todo lo necesario para una estancia de él con su mujer. La desgracia es una especie de talismán cuya virtud consiste en corroborar nuestra constitución primitiva: aumenta la desconfianza y la maldad en ciertas personas, mientras que acrecienta la bondad de aquellos que poseen un corazón excelente.