El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias Decidida a todo para llegar a sus fines, no sabÃa aún lo que habrÃa de hacer de aquel hombre, pero es seguro que querÃa aniquilarlo socialmente. Al tercer dÃa, por la tarde, sintió que, a pesar de sus esfuerzos, no podÃa ocultar las inquietudes que le ocasionaba el resultado de sus manejos. Para encontrarse un momento a sus anchas, subió a su habitación, sentose ante su escritorio, dejó la máscara de serenidad que conservaba delante del conde Chabert, como una actriz que, al volver, fatigada, a su camerino, después de un penoso quinto acto, cae medio muerta y deja en la sala una imagen de sà misma a la que ya no se parece. Púsose a terminar una carta empezada que estaba escribiendo a Delbecq, a quien decÃa que fuese, en su nombre, a pedir al despacho de Derville comunicación de las actas concernientes al coronel Chabert, copiarlas y fuera en seguida a reunirse con ella en Groslay. Apenas la habÃa terminado, cuando oyó en el pasillo los pasos del coronel, que, inquieto, la buscaba.
—¡Ay! —dijo ella en voz alta—, ¡quisiera morirme! mi situación es intolerable…
—Pues, ¿qué ocurre? —preguntó el coronel.
—Nada, nada —dijo ella.