El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias —… Pero, en su noble y benévola sabidurÃa, Su Majestad (ponedlo en letras, ¡eh! sabio Desroches, que hacéis el original) en el momento en que volvió a empuñar las riendas de su reino, comprendió (¿qué es lo que comprendió ese gran farsante?) la alta misión a la que estaba llamado por la divina Providencia!… (signo de admiración y seis puntos suspensivos: en el Palacio de Justicia son lo bastante meticulosos como para pasárnoslos), y su primer pensamiento fue, tal como lo demuestra la fecha de la ordenanza abajo indicada, reparar los infortunios causados por los horribles y tristes desastres de nuestros tiempos revolucionarios, restituyendo a sus fieles y numerosos servidores (numerosos es una lisonja que debe agradar al tribunal) todos sus bienes no vendidos, ya se encontrasen en el dominio público, ya en el dominio ordinario o extraordinario de la corona, ya, en fin, se encontrasen en las dotaciones de establecimientos públicos, porque entendemos que podemos sostener que tal es el espÃritu y el sentido de la famosa y tan leal ordenanza dada en… Aguardad —dijo Godeschal a los tres pasantes—, esta maldita frase ha llenado el final de mi página. Bien —continuó mojando con su lengua el borde del legajo, para poder doblar la gruesa hoja de su papel timbrado—, bien, si queréis gastarle una broma, hay que decirle que el patrón no puede hablar a sus clientes más que de las dos a las tres de la mañana: ¡veremos si vendrá ese viejo malhechor!