El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias —Tendremos, pues, que acabar por meterlo en Charenton —dijo la condesa—, puesto que le tenemos en nuestras manos.
El coronel, que recobró la agilidad de la juventud para saltar por encima de la zanja estuvo en un santiamén delante del administrador, al que propinó el más bello par de bofetadas que jamás hayan recibido las dos mejillas de un procurador.
—Añade también que los viejos caballos saben dar coces —le dijo.