El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias —Se tropieza: uno con personas que con, palabra de honor, por demás estúpidas. Han robado el bautismo. Sed, pues, humano, generoso, filántropo y procurador, y os hundiréis. He aquà un asunto que me cuesta más de dos billetes de mil francos.
Algún tiempo después de haber recibido esta carta, Derville buscaba en el Palacio de Justicia a un abogado con el cual querÃa hablar y que abogaba en la policÃa correccional. Quiso el azar que Derville entrase en la sexta sala en el momento en que el presidente condenaba como vagabundo al llamado Jacinto a dos meses de prisión, y ordenaba que fuese llevado en seguida al depósito de mendicidad de San Dionisio, sentencia que, según la jurisprudencia de los prefectos de policÃa, equivale a una detención perpetua. Al oÃr el nombre de Jacinto, Derville contempló al delincuente sentado entre dos gendarmes en el banco de los acusados, y reconoció en la persona del condenado a su falso-coronel Chabert.