El Coronel Chabert

El Coronel Chabert

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Clara fue la primera en ir hacia su hermano.

—Juanito —le dijo—, ten piedad de mi escaso valor, empieza por mí.

En ese momento se oyeron los pasos precipitados de un hombre. Victor llegó al lugar de esa escena. Clara ya estaba arrodillada, ya su cuello blanco llamaba al alfanje. El oficial palideció, pero encontró la fuerza de llegar hasta allí.

—El general te perdona la vida si te casas conmigo —le dijo en voz baja.

La española lanzó al oficial una mirada de desprecio y de orgullo.

—¡Vamos, Juanito! —le dijo con voz profunda.

Su cabeza rodó a los pies de Victor. La marquesa de Leganés dejó escapar un gesto convulsivo al oír ese ruido; fue la única muestra de su dolor.

—¿Estoy bien así, mi buen Juanito? —fue lo que le preguntó el pequeño Manuel a su hermano.

—¡Ay, estás llorando, Mariquita! —le dijo Juanito a su hermana.

—¡Oh, sí! —replicó la niña—. Pienso en ti, mi pobre Juanito, serás muy desdichado sin nosotros.

Apareció entonces la gran figura del marqués. Miró la sangre de sus hijos, se volvió hacia los espectadores, mudos e inmóviles, extendió las manos hacia Juanito y dijo gritando fuerte:


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