El Coronel Chabert
El Coronel Chabert Al acercarse vieron en una esquina del lienzo el extremo de un pie desnudo que salÃa de ese caos de colores, de tonalidades, de matices indecisos, una especie de niebla sin forma; pero un pie delicioso, ¡un pie vivo! Se quedaron petrificados de admiración ante ese fragmento escapado de una increÃble, una lenta y progresiva destrucción. Ese pie aparecÃa ahà como el torso de alguna Venus de mármol de Paros que surgiera entre los escombros de una ciudad incendiada.
—Hay una mujer ahà debajo —exclamó Porbus señalándole a Poussin las distintas capas de colores que el viejo pintor habÃa sucesivamente superpuesto creyendo perfeccionar su cuadro.
Los dos pintores se volvieron espontáneamente hacia Frenhofer, empezando a explicarse, aunque vagamente, el éxtasis en que vivÃa.
—Actúa de buena fe —dijo Porbus.