El Coronel Chabert
El Coronel Chabert Los dos pintores dejaron al viejo con su éxtasis y miraron a ver si la luz, al caer a plomo sobre el lienzo que les mostraba, no estarÃa neutralizando todos sus efectos. Examinaron entonces el cuadro poniéndose a la derecha, a la izquierda, de frente, agachándose y levantándose alternativamente.
—SÃ, sÃ, claro que se trata de un lienzo —les decÃa Frenhofer errando sobre el propósito de aquel escrupuloso examen—. Mirad, ahà tenéis el bastidor, el caballete; aquà están mis colores, mis pinceles.
Y cogió una brocha, que les mostró con gesto cándido.
—El viejo lansquenete se burla de nosotros —dijo Poussin volviendo ante el supuesto cuadro—. Yo aquà no veo más que colores confusamente amontonados y contenidos por un sinfÃn de lÃneas extrañas que forman un muro de pintura.
—Estamos en un error, ¿veis? —añadió Porbus.