Los campesinos
Los campesinos —Vamos, padre, deje que recojamos nosotros también algunos sueldos —dijo la Tonsard—. Debemos tener también nuestra parte en el pastel de Les Aigues.
—¡Cállate ya, charlatana! —replicó Tonsard—. Si alguna vez me cuelgan, no será por haber matado algún animal, sino por las habladurÃas de su hija.
—¿Crees que en Les Aigues las venderán por parcelas para darte gusto? —preguntó Fourchon—. ¡Vamos! Hace treinta años que Rigou te está chupando el tuétano de los huesos, y todavÃa no te has dado cuenta de que los burgueses son peores que los señores. En este asunto, hijos mÃos, los Soudry, los Gaubertin y los Rigou os harÃan bailar al son de Tengo buen tabaco, pero tú no lo fumarás, el himno nacional de los ricos… El campesino será siempre el campesino. ¿Es que no ves (¡claro que tú no sabes nada de polÃtica!…) que si el gobierno ha puesto tantos impuestos sobre el vino es para quitarnos nuestro dinero y mantenernos en la miseria? Los burgueses y el gobierno son todos unos. ¿Qué serÃa de ellos si nosotros fuésemos ricos? ¿Acaso trabajarÃan ellos el campo? ¿RecogerÃan ellos las cosechas? ¡No! Necesitan que haya miserables. Durante diez años yo fui rico, y sé muy bien lo que entonces pensaba de los pobres…