Los campesinos
Los campesinos —¡Oh, no hay posibilidad! —respondió Fourchon—. Para preparar vino cocido, Socquart se encierra en su habitación. No le dijo el secreto de su fabricación ni a su difunta esposa. Se hace traer todos los ingredientes de ParÃs para fabricarlo.
—No molestes más a tu padre —exclamó Tonsard—. ¿No lo sabe…? Pues bien, esto quiere decir que no lo sabe. Es imposible saberlo todo.
Fourchon empezó a sentir cierta inquietud al ver cómo se suavizaba la cara de su yerno, lo mismo que sus palabras.
—¿Que tú quieres robarme? —preguntó ingenuamente el anciano.
—Todo lo que poseo —respondió Tonsard— lo he conseguido por medios legÃtimos, y si alguna vez le quito a usted alguna cosa, me cobro parte de la dote que me prometió.
Fourchon, tranquilizado por aquella brutalidad, inclinó la cabeza como hombre vencido y convencido.
—He aquà un magnÃfico lazo para cazar —continuó Tonsard acercándose a su suegro y poniéndole el lazo sobre las rodillas—. En Les Aigues tendrán necesidad de alguna pieza, y podremos venderles las que son suyas, ¿o es que no habrá un buen Dios que nos proteja a nosotros los pobres?
—Un buen trabaja —comentó el viejo examinando el ingenioso cepo.