Los campesinos

Los campesinos

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En el Morvan y en la parte de la Borgoña que se extiende a sus pies por el lado de París, ese vino cocido de que hablaba Tonsard al tío Fourchon consiste en una bebida bastante costosa que juega un importante papel en la vida de los campesinos, y que saben preparar más o menos bien los drogueros, los que tienen establecimientos de refrescos y en los cafés. Este bendito licor, compuesto de vino escogido, azúcar, canela y otras especies, es preferido a todas las mezclas y al aguardiente disfrazado que recibe los nombres de ratafía, ciento siete años, agua de los valientes, casis, espíritu de sol, etc. Puede encontrarse vino cocido hasta en la frontera de franco-suiza. En el Jura, en las regiones selváticas donde sólo penetran algunos excursionistas, los mesoneros llaman vino de Siracusa a este producto industrial, por otra parte excelente, y a uno le encanta pagar tres o cuatro francos la botella, gracias al hambre canina adquirida con la ascensión a los picos. Y en las familias morvandesas y borgoñonas, el más leve dolor, la más mínima alteración de nervios, es un pretexto suficiente para beberse unos vasos de vino cocido. Las mujeres, durante, antes y después del parto, añaden a esta bebida unas cucharadas de azúcar. El vino cocido ha devorado verdaderas fortunas campesinas. También, más de una vez, ese líquido seductor fue causa de alguna paliza marital.



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