Los campesinos
Los campesinos El hijo del bailío, muchacho sin fortuna, sucedía a un intendente enriquecido por treinta años de gestión, pero que prefirió una tercera parte en la famosa compañía de Minoret a la intendencia de Les Aigues. En interés propio, el futuro administrador presentó como intendente a Francisco Gaubertin, entonces ya mayor y su contable desde hacía cinco años, encargado de proteger su retiro, y el cual, con el deseo de corresponder a las enseñanzas que le debía a su maestro en intendencia, le prometió conseguir un quitus de la señorita Laguerre al verla muy asustada por la Revolución. El ex bailío, convertido en acusador público del departamento, fue el protector de la atemorizada cantante. Ese Fouquier-Tinville provinciano preparó contra una reina teatral, evidentemente sospechosa a causa de sus relaciones con la aristocracia, una algarada falsa, para poder dar a su hijo todo el mérito de un salvamento no menos ficticio, con la ayuda del cual obtuvo el quitus del predecesor. La ciudadana Laguerre hizo entonces de Francisco Gaubertin su primer ministro, tanto por política como por agradecimiento.
El futuro suministrador de víveres de la República le mandaba a París unas treinta mil libras anuales, aunque Les Aigues producían en aquella época cuarenta mil por lo menos; la ignorante señorita de la Ópera quedó realmente maravillada cuando Gaubertin le prometió mandarle treinta y seis mil.