Los campesinos
Los campesinos Todo esto puede explicar por qué el general no volvió a Les Aigues hasta mayo del año 1820.
La felicidad, inefable para el hijo de un tendero del barrio de Saint-Antoine, de poseer una esposa joven, elegante, dulce, espiritual…, en una palabra, una Troisville, que le había abierto las puertas de todos los salones del barrio de Saint-Germain, los placeres de París, las diversas alegrías experimentadas después de su matrimonio, borraron de tal modo de la mente del general el recuerdo de su disputa con el intendente de Les Aigues, que incluso había olvidado el nombre de Gaubertin. En el año 1820 llevó a la condesa a Les Aigues, para que viera aquella propiedad. Aprobó las cuentas y las actas de Sibilet sin siquiera ojearlas; la felicidad no se presta a las discusiones mezquinas. La condesa, contenta al encontrar en la es posa del intendente a una mujer encantadora, le hizo numerosos regalos, lo mismo que a los niños, con los cuales se entretuvo durante unos días.