Los campesinos
Los campesinos El segundo, llamado Vatel, soldado nato, cabo de batidores, alegre como un jilguero y de conducta un poco ligera en lo que respecta al bello sexo, sin ningún principio religioso y valiente hasta la temeridad, habría fusilado a su camarada sin dejar de reír. Sin porvenir alguno, y sin saber a qué dedicarse, en las funciones que se le propusieron vio la manera de hacer la guerra de un modo francamente divertido, y como el gran ejército y el emperador sustituían para él a la religión, juró servir y luchar contra todos los enemigos del valiente Montcornet.
Era una de aquellas naturalezas esencialmente burlonas, para quienes la vida sin enemigos les parece vacía. Así, sin la presencia del ujier, hubiese capturado a la Tonsard y su gavilla de leña, mandando a paseo la ley sobre la inviolabilidad de domicilio.