Los campesinos
Los campesinos Olimpia Charel, hermosa normanda, de un rubio de tonos dorados, ligeramente llena de carnes y con un rostro animado por una mirada inteligente y una nariz de marquesa, fina y curvada con un aire virginal a pesar de su talle a la española, ofrecía todas las distinciones que una joven nacida no muy por encima del pueblo bajo puede conseguir con el roce que su señora le permite tener con ella. Convenientemente vestida y de porte honesto, sabía, además, expresarse bien. Michaud fue, pues, fácilmente atraído por ella, especialmente cuando supo que la fortuna de su elegida sería en el futuro bastante considerable. Las dificultades vinieron de la condesa, quien no quería separarse de una muchacha tan encantadora, pero cuando Montcornet explicó cuál era la situación en Les Aigues, ya no hubo, para la celebración de la boda, más retraso que el que imponía la necesidad de pedir el consentimiento de sus padres, quienes lo concedieron en seguida.