Los campesinos
Los campesinos Habiéndose negado el alcalde a devolver al presbiterio el destino para el cual se había construido, al ayuntamiento se vio obligado a comprar una casa de campo cercana a la iglesia; hubo que gastar cinco mil francos en ampliarla, restaurarla y en añadirle un jardincillo cuyo muro era medianero con la sacristía, con lo que, como en otro tiempo, se estableció la comunicación entre la casa cural y la iglesia.
Esas dos casas, siguiendo la línea de la iglesia, a la que parecían pertenecer por sus jardines, tenían vistas sobre un terreno plantado de árboles que formaba lo que podríamos llamar la plaza de Blangy, frente a la cual, y a expensas del conde, se construyó un edificio destinado a recibir al alcalde, a alojamiento del guarda rural y albergar aquella escuela de hermanos de la doctrina cristiana tan inútilmente solicitada por el abate Brossette. Así, no sólo las casas del ex benedictino y del joven sacerdote estaban tan adheridas a la iglesia que no podía decirse si ésta las unía o las separaba, sino que la una vigilaba a la otra. Toda la aldea espiaba al abate Brossette. La Grande-Rue, que se iniciaba en el Thune, ascendía tortuosamente hasta la iglesia. Unos viñedos y unos huertos de campesino, también un bosquecillo, coronaban la colina de Blangy.